15.2.11

2010 en celuloide

El torbellino mental que se te monta cuando no puedes pegar ojo da lugar a cantidad de morralla y alguna que otra buena idea, y mí se me ha ocurrido repasar el cine del pasado año para recomendar FUCKING IMPRESCINDIBLES y dejar claro de qué CHUSTOS INFECTOS deben alejarse. Y así de paso actualizo el blog y no me remuerde la conciencia. Qué salao que soy.

No ha estado mal. Vale que es una frase un poquito paupérrima, pero aún estoy con la introducción, coño. Teniendo en cuenta que nunca dejo de despotricar contra lo chungo que está el cine comercial americano a día de hoy (del español mejor no digo nada y de cualquier otra parte es que vemos poco más bien), me sorprende lo poco que voy a tener que insultar en esta entrada. Claro que por otra parte un buen porcentaje de las pelis buenas que mencionaré no son especialmente comerciales. Así que por si acaso... hijos de puta todos.

LAS QUE HAN MOLADO

Yo soy de los que creen que hay que dejar lo mejor para el final, pero hoy voy a hacer una excepción y voy a empezar por la mejor película del año. Aunque realmente fue estrenada en 2009, Fantástico Sr. Fox no llegó a tierras aspiñolas hasta el pasado año. Cabreante, pero la espera valió la pena. El PUTO AMO que es Wes Anderson realiza su mejor película y queda como un señor tapabocas y más regular que nadie. Y es que referirse a ella como la mejor obra del mismo tipo que dirigió Academia Rushmore, Los Tenenbaums, Life Aquatic o Viaje a Darjeeling es hablar muy alto, pero no exagerar. Obligatoria busques lo que busques, ya sea simplemente entretenerte o aplaudirle a una pantalla.

Gran año para la animación. A la obra maestra de Anderson le siguen de cerca la perfecta Toy Story 3, consagración y cierre de una de las mejores trilogías de la historia del cine, y la inesperadamente genial Cómo entrenar a tu dragón. Aún recuerdo mi cara de espanto cuando vi el tráiler y cómo la película me dejó a cuadros. Debo recalcar la primera y tirar de las orejas a aquellos de mi quinta que no se emocionaron o incluso lloraron con esos minutos finales en los que Pixar se empeña en hacernos ver nuestra infancia a toda velocidad. De hecho, todavía sigo enfadado conmigo mismo por haberme aguantado las lágrimas en el cine.

Origen y La Red Social llegaron prometiendo y cumplieron de sobra. Nolan sigue pisando fuerte y confirmándose como el presente y futuro del cine comercial, o mejor dicho su única esperanza junto a otros en menor medida como Zack Snyder (que está empezando a pinchar) o el siempre muy notable David Fincher, que dirige la segunda mencionada en el que es su trabajo menos personal hasta la fecha (algo comprensible tratándose de un biopic), pero no por ello menos brillante. Excelente película con un aluvión de críticas positivas (esto aplicable a ambas) y destinada a competir por los Oscar contra Cisne Negro, segundo éxito consecutivo de un Darren Aronofsky que no terminará de creérselo y, a efectos, su primer gran taquillazo. Magnífica película, fundamentada en su tono malsano y la gran interpretación de Natalie Portman, sin duda favorita a la estatuilla y merecedora de la misma, especialmente ahora que su carrera se encuentra en pleno acelerón. Mientras no le suponga la muerte artística (véase el caso de Geena Davis o más recientemente Halle Berry), todos contentos. En este párrafo de grandes aspirantes, no podemos olvidar El discurso del rey, brillante y emotiva película de actores liderada por un cada día más impresionante Colin Firth, el eterno buen hombre del cine inglés que no ha cesado nunca de demostrar que es especial.

Ben Affleck se confirma como un excelente cineasta con la magnífica The Town, una película de corte clásico en todos sus aspectos. Intensa, honesta y bien narrada, e irónicamente poco común gracias a su poco interés en innovar, sino garantizar la excelencia con lo puesto. En la otra orilla, la del ansia por romper esquemas, y con firma española (toda una alegría), encontramos a un soberbio Ryan Reynolds en Enterrado, del prácticamente desconocido Rodrigo Cortés, ahora en boca de todos. Cuatro duros, un actor de (alta) calidad, un mechero y un ataúd. Queda claro que el buen cine no necesita de gran presupuesto, le pese a quien le pese.

Volvía el mejor Polanski con El Escritor, un thriller de los que ya no se hacen plagado de actorazos que quedan anulados por un Pierce Brosnan que se supera a sí mismo en su mejor actuación hasta la fecha. Cumplía también Paul Greengrass con Green Zone, esperado fracaso comercial debido a su polémica temática y ambientación (Iraq, amiguetes, Iraq) pero tan potente como la saga de Bourne.

Como cada año, el inagotable e insuperable Clint Eastwood nos brinda, como poco, dos películas. Y le ha tocado el turno una vez más a Matt Damon por partida doble en Invictus y Más allá (me niego a ampliar el título como han hecho los distribuidores aspiñoles. Si por un casual alguno lee esto: MUÉRETE, CABRÓN), dos grandes largometrajes (más el segundo que el primero) que mantienen al octogenario realizador como uno de los cinco mejores directores vivos, si no el mejor. Ahí he intentado ser objetivo. A nivel personal, creo que es la única persona en torno a la cual crearía un culto.

Y ya que he tenido la ocasión de atacar a los distribuidores, quiero que mientras leas estas líneas pienses en las familias de todos y cada uno de ellos. Y en fuego. Mucho, mucho fuego. El más que desafortunado Edgar Wright ha clavado la adaptación cinematográfica de Scott Pilgrim, en un acierto más de su carrera, pero su incomprensible fracaso en la tierra del sobrepeso ha echado atrás a los maricones detestables follaperros mamachancros que antes he mencionado, y en nuestro amadísimo país apenas se ha visto un anuncio de tan divertida película. Imperdonable. Y si hablamos de adaptaciones comiqueras, mejor suerte ha tenido Kick-Ass, con la que Matthew Vaughn se gana a pulso dirigir X-Men: First Class.

Y vale que esta también es de 2009 y el mismo año se estrenó aquí, pero yo no la disfruté hasta mediados del pasado y es demasiado buena para dejarla pasar. El Secreto de sus Ojos consagra aún más, si es posible, al gran Juan José Campanella, que se resiste a fallar a la hora de dirigir esta auténtica obra maestra. Soberbios Ricardo Darín y Soledad Villamil. Aprovecho además para referirme oficialmente al primero como mi actor favorito en una reñida lista junto a titanes como Samuel L. Jackson, Benicio del Toro, Javier Bardem, Jack Nicholson, Brad Pitt o Leonardo DiCaprio, entre algún otro que entra y sale. Él se mantendrá arriba mientras me dure la razón, y si se quiere disfrutar de sus dotes en otro trabajo reciente, no dejemos pasar la interesante Carancho, de Pablo Trapero.

Para terminar con esta sección, mención especial a Biutiful, lo nuevo de Iñarritu con un espectacular Bardem pero desde luego no la mejor película del realizador mejicano; la entretenidísima Tron: Legacy, que cumple con su predecesora; la versión americana de Déjame entrar, con la prometedora Chloe Moretz comiéndose el mundo; la estupenda pero muy infravalorada Shutter Island y por último, aunque sin estrenar en España (lo cual probablemente nunca ocurra), Unthinkable de Gregor Jordan. Para una buena película que hace el genial Samuel L. Jackson, que no pase sin ser nombrada. No cabe duda de que habré dejado muchas en el tintero, pero recordármelo y matarme por ello será la labor de mis lectores en el casillero de comentarios. Cumplan.

LAS QUE NO HAN MOLADO

Pues lo esperado y lo no tan esperado. Empiezo con la que creo que es una de las basuras más infectas y engañosas que me he echado a la cara en años, cuando yo esperaba ver un buen homenaje a la acción grindhouse setentera. La pestilente Machete (título completo) confirma que el imbécil de Robert Rodríguez debería empezar a pensar más en dejar las coñas y ponerse a dirigir películas, no sucesiones de gags basados en la testosterona y la llaneza de los encefalogramas ajenos. A menos, claro, que se haya dado cuenta de que carece del talento necesario. No se puede vivir toda la vida de Abierto hasta el amanecer, de cuya autoría real estoy empezando a sospechar cosa mala al ver que en la única buena película de Rodríguez pululaba cierto fetichista italoamericano llamado Quentin.

Dreamworks siguió dándole a la máquina con el cuarto engendro de Shrek, un bodrio cutre e infumable que al menos puede presumir de no ser peor que su satánica predecesora, así como de poner punto final a uno de las más apestosas historias cagadas por Belcebú. No es peor, sin embargo, que auténticos retratos de la peste tales como Noche y Día, Predators, Solomon Kane, El truñ... Libro de Eli, Legión o, ante todas por lo jodidamente ofensiva que resulta, Prince of Persia. SÍ, ESA PELÍCULA QUE HA CONSEGUIDO QUE PASE DE VENERAR A JAKE GYLLENHAAL A DESEARLE UNA MUERTE LENTA Y DOLOROSA EN UNA PISCINA DE ÁCIDO SULFÚRICO. Este pestiño bastardo, idiota, tosco, feo, absurdo y caraculo incomprensiblemente perpetrado por Mike Newell ha sido recomendado por dietistas clandestinos de todo el planeta como medio para perder peso. Las ingentes vomitonas producidas por su visionado carecen de rival en el mundillo. El sueño de las adolescentes bulímicas no fracasó tan duramente como se merecía en las taquillas, pero desde luego se llevó un palo importante generado por el boca a boca de un público en su mejor versión que nunca dejó de ponerla a caldo. El terror de Jordan Mechner, que se lo pensará dos veces antes de volver a ceder su franquicia a productores, directores y demás chusmerío aún incapaz de comprender la importancia de los videojuegos como el innegable arte que son.

Mención aparte merecen otro tipo de chorongos. Paranormal Activity 2 sigue la estela de su predecesora: absolutamente gilipollas. O bien se han hinchado a comer panceta o yo le doy mucho a la hipérbole, pero nunca me cayeron tan gordos los plastas de Johnny Depp y Anguarrina Jolie como en la más que olvidable y absolutamente irrelevante The Tourist, de la que esperé bastante en su momento sencillamente por la dirección de un irreconocible Florian Henckel von Donnersmarck, que en este encargo de mercenario poco tiene que ver con el maestro que nos regaló la estupenda La vida de los otros. Florian, amiguete, vuelve a Europa.

Jack Black se confirma definitivamente como un esperpento histriónico y cargante en la no menos "ingeniosa" Los viajes de Gulliver, de lejos la peor adaptación hasta ahora realizada de la mítica novela. No consigo recordar por qué me gustaba este tipejo, que se dedica a poner caras de lo más variado a fin de demostrar su amplio registro. Véase: cara de culo, cara de pedo, cara de simio y cara de gilipollas. Ahí, sin miedo, con dos cojones. Si ya hace el gandul hasta con Tenacious D, el gordopilas.

Lamentablemente, el siempre respetado Álex de la Iglesia confirma una vez más que hace mucho tiempo que dejó de ser el cineasta interesante y prometedor (porque en eso se ha quedado) que lavaba un poco la cara del cine español. Balada triste de Trompeta empieza estupendamente y al poco tiempo comienza a desinflarse a consecuencia de una dirección muy, pero que muy torpe (algo que ya se vio en 800 Balas) y su exceso de efectismo. Al final, hablando claro, se acaba volviendo inaguantable. Aunque desde luego pudo ser peor, tenía grandes esperanzas puestas en ella.

Curiosamente, no todo son malas noticias en lo que a malas películas respecta: la mierda chorreante de Jonah Hex debería cargarse, con un poco de suerte, la carrera de la insoportable Megan Fox. Está buena que te cagas y le metía de todo menos miedo, hasta ahí de acuerdo, pero estoy hasta la poronga de pibones cachondos que se limitan a enseñar muslamen y correr de un lado a otro.

Y por último, caballeros y caballeras, las dos peores películas del año. Y atentos porque tienen tela, que fijo las han visto todos pero si algún afortunado sigue virgen que se meta a cura: M.Night Shyamalan termina de pasarse al lado oscuro tras venderse como la putilla exótica que es al chupar 150 milloncejos en la imperecedera The Last Airbender, que quedará inmortalizada como una de las peores películas de aventuras jamás realizadas. En primer lugar, porque adapta de manera infame una de las mejores series de animación de la pasada década, y en segundo lugar porque es una mierda. Blanco y en botella, camaradas. No conozco a una sola persona que haya hablado bien de ella, y si la hay probablemente esté de camino a Arkham en estos momentos. Es una de esas pocas producciones en las que puedes decir sin miedo a exagerar que no hay NI UN SÓLO ASPECTO POSITIVO. Ni uno. Juradito. Menos la genial banda sonora de James Newton Howard.

Sólo un gran bombardeo nazi contra el buen gusto puede decir bien alto y orgullosamente que ha superado a lo último del indio en cuanto a chusterío, desfachatez, oligofrenia e indignación. Tim "Pelomierda" Burton, al que siempre he venerado como el fuera de serie que nos brindó Ed Wood, Bitelchús, Big Fish o Eduardo Manostijeras, poco contento con habernos herido de muerte nueve años atrás con su Astro decadente de criaturas terroríficamente gilipollas (también llamada El Planeta de los Simios), rebasa el tope de su peor faceta con Alicia en el país de las maravillas, ya reseñada con suma profesionalidad en este blog. No existen palabras para definir las intensas sensaciones que transmite esta obra. Ese sentimiento de impotencia, los instintos asesinos, la automutilación o los cánticos norcoreanos son sólo algunos síntomas de la incomparable locura que resulta de su disfrute. Uno de esos momentos en los que entiendes por qué los emos se abren las venas y comprendes al fin que llevan todos estos años monopolizando a Burton para que llegara a hacer esto y todos pudiéramos entender su sufrimiento. Esa Alicia gris y retrasada y ese sombrerero con vitíligo se quedan en nada al lado de los grandes méritos de esta película, tales como hacer que Anne Hathaway parezca más petarda, Crispin Glover más rarito o Helena Bonham Carter más fea. Aunque bien pensado, eso último implica un esfuerzo olímpico que merece cierto respeto. En definitiva, no pude expresarme con claridad entonces y tampoco podré ahora. Sólo pensar en las concubinas de Lucifer pariendo al personal de esta bazofia hace que se me revuelva el estómago.

Ahí tienes tu guía. Tú decides cómo orientarte, por supuesto, pero echándole un vistazo yo diría que es una lista bastante precisa por parte y parte. Especialmente en cuanto a engendros. Avisado quedas.

Eso ha sido todo. A mandar.

4 ratas:

Eyevoid dijo...

x'DDDD

¿No te gustó El Libro de Eli? A mí me parecía que tenía buena pinta aunque aún no la he visto.

Tendré que apuntarme algunas películas que has alabado en tu entrada, tengo bajada la de Black Swan, a ver qué tal está.

Carlos Martel dijo...

El Libro de Eli es un ñordo infame de proporciones épicas. A mí también me llamaba la atención, pero se queda en intento de Mad Max sin dignidad.

Eyevoid dijo...

Una putada, con lo que me gusta Gary Oldman x'DD

Ankor Bryan dijo...

El Libro de Eli es de las mejores películas que he visto... Nah, es broma. Como dice Eyevoid, tenía buena pinta antes de ponerse a ella, pero a medida que iba avanzando en su visionado lo veía más claro. Tenía ganas de cagarme en alguien, o de cagar simplemente.

Estoy totalmente de acuerdo en los truñacos infumables, nadie puede decir que alguno d'llos son buenos o tienen algo salvable. En lo referente a las buenas obras, me faltan por ver la nueva del gran Eastwood, The Town, Inception, Déjame entrar, Green Zone, Unthinkable, la de Tron y El escritor, junto a las no americanas (no suelo prestarle mucha atención al cine español, quizá sea por los pocos referentes que hay o por qué soy un gandul que espera a que alguna 'triunfe' para animarme a verla) y las de animación. A ellas he de sumar Cisne Negro, que la tengo pendiente, pero me parece más de este año por eso no mezclo bebidas (?). Y apuntar una última cosa, me pasó exactamente lo contrario con SPvsTW y el Libro de Eli... Pilgrim no me decía nada, me parecía una basurilla y luego me sorprendió. No es que me pareciera lo maaaissimo, pero es bastante entretenida y chorra.

Saludos, mah boi.